Jesús Vive! Aleluya! Aleluya!
Felicidades hermanos! Felices Pascuas de Resurrección! Para los católicos es un día de júbilo y la fiesta litúrgica más grande del año: celebramos que Cristo venció a la muerte y que con su muerte ganó para nosotros la vida eterna. El tiempo pascual que iniciamos hoy, y que culmina dentro de 50 días cuando conmemoramos el derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés, es tiempo de alegría. Una alegría que debe permear a todo nuestro ser y todos los ámbitos de nuestro quehacer diario. Como católicos en misión evangelizadora, seamos portadores en todo momento de la buena noticia de que Jesús Vive!
En este espíritu, y deseosa de compartir el significado de este día, comparto con ustedes la Homilía de S.S. Benedicto XVI, pronunciada durante la misa celebrada hoy domingo de Pascua en la Resurrección del Señor en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Transcribo íntegramente el texto publicado en Catholic.net, cuya traducción desde el italiano se atribuye a la Santa Sede.
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Queridos hermanos y hermanas,
“Ha sido inmolado Cristo, nuestra Pascua” (1 Co 5,7). Resuena en este día la exclamación de san Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura, tomada de la primera Carta a los Corintios. Un texto que se remonta a veinte años apenas después de la muerte y resurrección de Jesús y que, no obstante, contiene en una síntesis impresionante – como es típico de algunas expresiones paulinas – la plena conciencia de la novedad cristiana. El símbolo central de la historia de la salvación – el cordero pascual – se identifica aquí con Jesús, llamado precisamente “nuestra Pascua”. La Pascua judía, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, prescribía el rito de la inmolación del cordero, un cordero por familia, según la ley mosaica. En su pasión y muerte, Jesús se revela como el Cordero de Dios “inmolado” en la cruz para quitar los pecados del mundo; fue muerto justamente en la hora en que se acostumbraba a inmolar los corderos en el Templo de Jerusalén. El sentido de este sacrificio suyo, lo había anticipado Él mismo durante la Última Cena, poniéndose en el lugar – bajo las especies del pan y el vino – de los elementos rituales de la cena de la Pascua. Así, podemos decir que Jesús, realmente, ha llevado a cumplimiento la tradición de la antigua Pascua y la ha transformado en su Pascua.
A partir de este nuevo sentido de la fiesta pascual, se comprende también la interpretación de san Pablo sobre los “ázimos”. El Apóstol se refiere a una antigua costumbre judía, según la cual en la Pascua había que limpiar la casa hasta de las migajas de pan fermentado. Eso formaba parte del recuerdo de lo que había pasado con los antepasados en el momento de su huida de Egipto: teniendo que salir a toda prisa del país, llevaron consigo solamente panes sin levadura. Pero, al mismo tiempo, “los ázimos” eran un símbolo de purificación: eliminar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo. Ahora, como explica san Pablo, también esta antigua tradición adquiere un nuevo sentido, precisamente a partir del nuevo “éxodo” que es el paso de Jesús de la muerte a la vida eterna. Y puesto que Cristo, como el verdadero Cordero, se ha sacrificado a sí mismo por nosotros, también nosotros, sus discípulos – gracias a Él y por medio de Él – podemos y debemos ser “masa nueva”, “ázimos”, liberados de todo residuo del viejo fermento del pecado: ya no más malicia y perversidad en nuestro corazón.
“Así, pues, celebremos la Pascua… con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad”. Esta exhortación de san Pablo con que termina la breve lectura que se ha proclamado hace poco, resuena aún más intensamente en el contexto del Año Paulino. Queridos hermanos y hermanas, acojamos la invitación del Apóstol; abramos el corazón a Cristo muerto y resucitado para que nos renueve, para que nos limpie del veneno del pecado y de la muerte y nos infunda la savia vital del Espíritu Santo: la vida divina y eterna. En la secuencia pascual, como haciendo eco a las palabras del Apóstol, hemos cantado: “Scimus Christum surrexisse / a mortuis vere” – sabemos que estás resucitado, la muerte en ti no manda. Sí, éste es precisamente el núcleo fundamental de nuestra profesión de fe; éste es hoy el grito de victoria que nos une a todos. Y si Jesús ha resucitado, y por tanto está vivo, ¿quién podrá jamás separarnos de Él? ¿Quién podrá privarnos de su amor que ha vencido al odio y ha derrotado la muerte? Que el anuncio de la Pascua se propague por el mundo con el jubiloso canto del aleluya. Cantémoslo con la boca, cantémoslo sobre todo con el corazón y con la vida, con un estilo de vida “ázimo”, simple, humilde, y fecundo de buenas obras. “Surrexit Christus spes mea: / precedet suos in Galileam” – ¡Resucitó de veras mi esperanza! Venid a Galilea, el Señor allí aguarda. El Resucitado nos precede y nos acompaña por las vías del mundo. Él es nuestra esperanza, Él es la verdadera paz del mundo. Amén.


Jesus vive en cada uno de nosotros… por eso debemos ser cada dia mejores seres humanos.. amarnos y apoyarnos en cada momento de nuestras vidas
…Es maravilloso saber que Jesucristo vive en ti y en mi..que se trata de tener relacion personal con el, que sea sincera es lo que mas le agrada que tengamos un corazon sincero.. Dios es un Dios unico y verdadero y nos ama tanto que dejo que su unico hijo muriera por nosotros.. la Gloria y la honra sea para Jesus porque toda boca confesara que èl es Señor de Señores y Rey de Reyes. El Espiritu Santo es esa ayuda extra que Dios nos envia para que cada dia vivamos de acuerdo a sus mandamientos. Escrito esta que no solo de pan vive el Hombre sino de toda palabra que sale del Corazon de Dios, esa palabra es viva y eficaz.
Bendito sea el Nombre del Señor, que por Amor y Misericordia entrego a este mundo a su unico hijo Jesus, para redimirnos del Pecado, y resucitando nos enseña a confiar, a seguir adelante, a no amendrentarnos ante nada terrenal, el con su AMor nos renueva cada dia y nos Invita a seguirle solo a El…Cristo Resucitado, Aleluya,Aleluya….
GRACIAS AMIGA GINIA, DIOS LA BENDIGA Y MÁS.
QUE LA SABIDURIA Y LA PALABRA DE DIOS, SIGA SIENDO SU NORTE, Y NOSOTROS PODAMOS SEGUIR ESA LUZ QUE NOS APORTAS CON CADA UNO DE TUS ARTICULOS.
MIL GRACIAS AMIGA GINIA, LE ESTIMAMOS Y SEGUIREMOS APRENDIENDO DE USTED. LUIS E HILDA, VENEZUELA
Hola Ginia.. Gusto saludarte nuevamente..
Para mi Jesús vive en el corazón de cada uno de nosotros, lo
que pasa es que no sabemos buscarlo, ni mucho menos encontrarlo.
Debemos estar siempre con él.. Amarlo, quererlo y respetarlo..
Debemos Seguirle Siempre..
Cristo ha Resucitado.. Aleluya..
Te amo Jesús de Nazaret, con toda mi alma, con todos mis sentidos, con toda mi sangre, con toda mi mente y confieso Padre Santo que tu Jesucristo, eres el Señor. Amén, amén, amén¡¡¡¡¡¡