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¿Cuál es el propósito del enojo?

Ginia   Escrito por Ginia el Apr 16, 2009 en Crecimiento, Lecturas, Vida

En el segundo capítulo del libro ‘La Otra Cara del Amor‘, sobre el Manejo del Enojo, el Dr. Chapman trata de explicar el propósito u objetivo del enojo que experimentamos.  Habiendo reflexionado sobre ’Por qué la gente se enoja?’ y aceptado que el enojo es una experiencia de toda la humanidad y que Dios mismo experimenta enojo, Chapman analiza las respuestas de Dios-Padre y de Dios-Hijo a su propio enojo recurriendo a un buen número de pasajes bíblicos y concluye indicando que el enojo está diseñado para motivarnos a tomar una acción positiva, constructiva y amorosa cuando nos encontramos con la injusticia o la maldad, para corregir lo que está incorrecto y hacer justo lo que es injusto.  Sin embargo, en nuestra naturaleza egoísta, no siempre es válida nuestra percepción del bien y del mal.  Siendo nosotros mismos el centro de nuestra vida, en lugar de tener a Dios como centro de ella, nuestro egoísmo frecuentemente nos impulsa a sentir enojo cuando las cosas no suceden según nuestro propio plan.  Vemos injusticia en el plan propio y sin tomar en cuenta el plan y voluntad de Dios.  Por lo tanto, no siempre nuestro enojo es válido.

En el examen de la respuesta de Dios a su propio enojo, encontramos que ciertamente siempre que Dios encuentra en el hombre ese comportamiento habitualmente egoísta y pecaminoso, a pesar de las tantas oportunidades y misericordia, Dios se enoja.  Son múltiples los pasajes bíblicos que ilustran esta realidad.  En el Antiguo Testamento Dios enviaba un profeta a proclamar a la gente su desagrado por lo mal hecho y a llamarles al arrepentimiento.  Si la gente se arrepentía, el enojo de Dios terminaba.  El pueblo recibía su compasión y misericordia.  Sin embargo, si no había arrepentimiento, Dios tomaba acción…siempre nacida de su amor hacia el hombre.  Es ese amor el que le impide aceptar la injusticia y la maldad. Y vemos una reacción similar en Jesús en diferentes pasajes de los Evangelios. El perdón de Dios SIEMPRE es gratuito y tiene como requisito únicamente el arrepentimiento de quien comete la falta.  La respuesta de Dios ante su enojo es siempre tomar un curso de acción amoroso y positivo, buscar eliminar la maldad y redimir al malvado.  En el momento mismo que quien hace el mal se arrepiente sinceramente y cambia sus formas, Dios perdona y su enojo desaparece.

Pero, ¿cuál debe ser entonces nuestra respuesta a nuestro enojo? Buscar la rectitud y la reforma.  Reconociéndonos criaturas a la imagen y semejanza de Dios, experimentamos enojo ante lo injusto o incorrecto.  Ese enojo tiene como finalidad y objetivo motivarnos a tomar las acciones necesarias, positivas y nacidas del amor, para corregir lo incorrecto, para hacer justo lo injusto.  Donde ha habido una relación, restaurarla. 

El enojo NO está diseñado para que hagamos más daño al que nos causa un mal.  No nos da licencia para hacer y decir cuanto queramos, destructivamente, en el calor del momento.  Y el autor nos deja varios ejemplos en los que el enojo de alguna(s) persona(s) por la injusticia o el mal, motivó una acción positiva que hoy en día da frutos y es ejemplo para la humanidad.  Entre estos resalta la abolición de la esclavitud, organizaciones como MADD (Mothers Against Drunk Drivers – Madres Contra Choferes Ebrios) y SADD (Students Against Driving Drunk – Estudiantes Contra Manejo Ebrio), entre otros.  De hecho, las reformas sociales y religiosas a lo largo de la historia han nacido por el enojo de una persona o grupo de personas ante lo que entienden incorrecto o injusto: han sido motivados por la injusticia, pero guiados por el amor.

El enojo debe ser entonces como una luz de alerta en el panel de control de nuestra vida.  Es importante prestarle atención.  Cuando algo provoca nuestro enojo, debemos detenernos y, de ser válido, pasar a la acción.  Cuando el enojo se canaliza correctamente, debe movernos al amor. El peligro es que fácilmente se convierte en una fuerza de rabia incontrolable, totalmente contraproducente, en nuestra propia contra y nos hace caer en el pecado capital de la ira….y desagradar profundamente a Dios.

Ciertamente, en el calor del momento, la gran dificultad es ver el enojo de esta forma tan positiva.  Olvidamos que debe motivarnos a arreglar las cosas en lugar de empeorarlas.  En el próximo capítulo, Chapman trata de responder ¿Cómo podemos procesar nuestro enojo de forma positiva?

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