El título pudiera sugerir que voy a hablar de nutrición…pero nada de eso. Desde el punto de vista nutricional me falta todavía más por aprender, aunque indudablemente que de la salud de la familia como institución todavía es muy poco lo que sé.
De lo que quisiera comentarles es de un material que encontré sobre la familia sana, en contraposición a la familia disfuncional. Para hablar de una ‘familia sana‘ el material, publicado en www.iglesiadediosrd.com, propone tres postulados:
1. En una familia sana, el matrimonio, la pareja, tiene una relación más cercana que con cualquier otra persona.
Sobre este punto hemos escrito en Vida, Familia y Algo Más en varias ocasiones, especialmente en el artículo titulado “El más importante de la bolita del mundo”. Esta relación, que debe estar siempre por encima de ninguna otra (con excepción claro está de nuestra relación personal con Dios), debe ser la más importante para papá y para mamá. La Biblia dice claramente “y serán una sola carne”. Esto implica tiempo exclusivo para mi pareja; lealtad a toda prueba incluyendo secretos y confidencias; capacidad para conversar y divertirse, trabajar, hacer el amor o compartir socialmente; sentirse socios, cómplices y compañeros….sentir que se complementan.
Definitivamente, cuando en la pareja hay una buena relación, una buena comunicación, la familia se forja sobre zapata segura y en los hijos necesariamente esto se traduce en seguridad, mejores resultados en la escuela, mejor salud, mejor desarrollo personal. Cuando en la pareja hay luchas de poder, mala relación, desconsideración, etc., necesariamente esto afecta emocionalmente a los hijos y se afecta la salud de la familia como institución.
A las madres nos sucede con mayor frecuencia y debemos cuidar mantener este balance y no descuidar la relación con nuestra pareja con la llegada de los hijos para que en ningún momento pase algún hijo a ser más importante que papá y evitar así que se desequilibre la relación familiar.
2. En una familia saludable, los padres comparten tiempo de calidad con cada hijo e hija.
Indiscutiblemente que, amén de que para papá y mamá la persona más importante es el otro, es necesario que cada uno tenga una relación personal con cada hijo. Es innegable que cada hijo, cada ser fruto del seno familiar, necesita de un padre y una madre. Es por ello sumamente importante que logremos satisfacer esa necesidad y cumplir ese rol nutriendo una relación personal con cada hijo.
Cuando los padres fracasan en tener una relación personal de calidad (entre ellos), se apegan a un hijo o una hija en una relación compensatoria. Luego, en vez de ir soltando los hijos mientras crecen, cediéndoles dosis de independencia de acuerdo a su nivel de madurez y responsabilidad, este padre (muy frecuentemente la madre) va apegándose más a ese o esos hijos. Estos padres, especialmente estas madres, son los que eventualmente se convierten en suegras odiosas y que no dejan independencia al hijo/hija en su matrimonio. Esta situación conlleva además una contraparte: el hijo que se ve en una relación de sobre-apego con uno de sus progenitores, probablemente tendrá un distanciamiento del progenitor contrario. Tanto le perjudica el acercamiento excesivo de uno como el distanciamiento del otro.
Desde el punto de vista de los hijos, recordemos que el primer mandamiento que viene con una promesa dice: ‘Honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien y tengas larga vida’. De modo tal que como padres, estamos llamados ambos a tener una relación saludable con nuestros hijos y a poner de nuestra parte para que puedan ellos cumplir con ese mandato, si queremos que les vaya bien y tengan larga vida. La mejor forma de hacerlo es fortaleciendo nuestra relación como pareja y manteniendo una relación personal con cada uno de ellos dentro de los límites de nuestra misión como padres.
3.- En una familia saludable, hermanos y hermanas se dan apoyo y negocian sus diferencias SIN la intervención de papá y mamá.
Sobre esto escribimos también en una ocasión anterior en ‘Los pleitos de los muchachos…’ y es uno de los artículos que ha recibido más participación activa de los visitantes a este blog. La familia tiene que promover que los hermanos aprendan a comunicarse entre ellos y a resolver sus conflictos sin la intervención de los padres. Como madre de 4 puedo compartir la experiencia de que desde que aplicamos en casa este postulado de no meternos en los pleitos de los muchachos a menos que sea un caso de abuso obvio, las relaciones entre ellos y de ellos con nosotros han mejorado notoriamente. Está comprobado que mientras más intervienen los padres, más problemas tienen los hijos. Con frecuencia, uno de ellos molesta al otro y cuando le responden vienen los gritos y los pataleos hasta que mamá o papá interviene en su defensa, lo cual complica la relación tanto entre hermanos como del padre o madre con al menos uno de los hijos. Si los padres no intervienen, ellos terminan poniéndose de acuerdo. En muchísimos casos, y la Biblia nos ilustra varios (Caín y Abel, Jacob y Esaú y el dramático ejemplo de José), la rivalidad entre los hermanos no es más que el reflejo de la preferencia de uno de los padres por uno de los hijos.
El documento concluye con un atinado resumen de tres puntos:
1.) Si hay rivalidad entre hermanos, debemos sospechar preferencia de uno de los padres por uno de ellos;
2.) Si hay preferencia de uno de los padres por uno de los hijos, podemos sospechar que hay descuido de la pareja; y
3.) El descuido de la pareja es el origen de la disfunción familiar y la antítesis de una familia saludable.
Los felicito por sus articulos..me gustan mucho..y llegan a mi corazón en el momento que necesito de ello…sigan enviandome articulos…mucho se los agradezco… Dios los bendiga..