Mujeres de Fe y Esperanza
Hoy se cumplen 27 años de haber recibido el diploma de bachiller del Instituto Véritas, institución dirigida por hermanas Teresianas en nuestro país hasta ese mismo día. Somos la última promoción de una institución de educación que se preocupó, no sólo por nuestra formación académica, sino tambien por nuestra formación humana, por cultivar nuestra fe y por alentarnos a ser cada día mejores mujeres para nuestras familias y comunidades.
El día en que nos recibimos de bachilleres, un 28 de octubre del 1982, en una emotiva ceremonia en el Convento de los Dominicos, la entonces directora de la institución pronunció el característico discurso de tales ocasiones, en el cual nos denominó ‘Mujeres de Fe y de Esperanza’.
Estoy segura que he mencionado esto en algún artículo anterior y, estoy tambien segura de que hasta hace pocos años, no había reparado en esa frase y en lo que ello implica en nuestras vidas. Como es lógico, tal vez ha sido el nivel de madurez, la travesía de la vida misma, el crecimiento espiritual, el conocernos más y mejor, pero lo cierto es que no volví a hacerme consciente de ese calificativo hasta hace unos años en ocasión de aunar esfuerzos con otras amigas de la promoción para motivar a un reencuentro, 23 años después de graduadas. Hasta ese entonces, sólo un muy diminuto grupo hacía esfuerzos cada 28 de octubre de juntarnos para compartir un café….tal vez 3 o 4. Durante los preparativos de ese gran encuentro hace ya 4 años, donde volvimos a vernos 21 de las 38 graduandas hoy dispersas por el mundo, una de mis compañeras recordaba este calificativo utilizado por Loly Muzás en su discurso de graduación y despedida, cuando nos entregaba a la sociedad hechas bachilleres y nos animaba a insertarnos en la vida como ‘Mujeres de Fé y de Esperanza’.
La historia tiene un antes y un después. Luego de ese año de planificación y de ilusiones, que culminó con la celebración de un encuentro en una casa de retiros en la ciudad de Miami, hemos logrado mantener un contacto mucho más cercano gracias a la magia del internet y su capacidad de acortar distancias. Junto a esas amigas, y las que se han integrado posteriormente, hemos ido creando un círculo de amistad y hermandad (como bien nos llama una de ellas) que no conoce barreras geográficas, un grupo donde muchas hemos encontrado eco de nuestras alegrías y un hombro donde llorar nuestras penas. Pero sobre todo, es un círculo donde yo particularmente me he sentido reencontrarme con ese calificativo, con el que trato de identificarme muy orgullosamente, y en este descubrimiento reconozco que de una otra forma todas nos hemos convertido por igual en mujeres de Fe y Esperanza. Dos de las tres virtudes teologales que necesariamente deben producir una tercera: la Caridad. Hoy, temprano en la mañana, envíe un email a mis amigas deseándoles que esas palabras resuenen en nuestro quehacer diario y nos convirtamos en ‘luz del mundo y sal de la tierra’, que seamos ejemplo para otros y canales de transformación para tantos hermanos que hoy viven tristes, solitarios, tal vez en las tinieblas. Que sepamos dar, sembrar y multiplicar aquello que se nos ha regalado.
Durante el resto del día han resonado en mi corazón este deseo y la firme convicción que justo esto es lo que Dios nos va permitiendo llegar a ser: mujeres de Fe y de Esperanza, sensibilizadas por el entorno en que se desenvuelven, prestas a servir en sus ámbitos de vida, deseosas de ser ejemplo para sus familias y para otros, con hambre de encontrar para sus hijos un nivel de educación y formación como el que tuvimos el privilegio de recibir de las teresianas. Mujeres de Fe y de Esperanza! Y me atrevo a asegurar que el calificativo le queda a la medida a mujeres de tantas otras promociones Véritas que recibieron sus títulos antes que nosotros y a quienes se les identifica muy fácilmente en el quehacer público y privado simplemente porque son capaces de dejar huella: con su hablar, con su proceder, con sus acciones…con su ejemplo de vida.
Estoy segura de que en el mundo hay muchas otras mujeres dignas de este calificativo. Mientras tanto, seas hombre o mujer, porqué no te unes y te adueñas de él? Seamos seres humanos de Fe y de Esperanza! Fe, porque por la gracia de Dios creemos en lo que la razón no puede entender. Esperanza porque contamos con la virtud que nos capacita para tener confianza plena de ver hecho realidad un mundo mejor, más humano, más justo, más como lo deseó Cristo mismo.
Seres Humanos de Fe y de Esperanza!






FELICITACIONES A TODAS ESAS “MUJERES DE FE Y ESPERANZA”, TITULO QUE RECIBIERON HACE 27 AÑOS COMO PROYECCIÓN A SERLO EN LO ADELANTE, JUNTO CON EL DE BACHILLERES…..
ESTOY SEGURA QUE TODAS HAN HECHO HONOR A ESA DESIGNACIÓN….ESTE ESCRITO ME ROVOCÓ NOSTALGIA Y GRATITUD A DIOS POR TODO LO QUE HA PERMITIDO EN LA VIDA DE ESE GRUPO Y DE TANTAS OTRAS CHICAS QUE TUVIERON EL PRIVILEGIO DE RECIBIR LA FORMACIÓN INTEGRAL DEL INSTITUTO VERITAS…..ADELANTE CHICAS, CONTINÚEN HACIENDO HONOR A ESE HERMOSO DESIGNIO…SER MUJERES DE FE Y ESPERANZA. FELCITACIONES A TODAS.
Con el debido respeto, me atrevo a felicitarles, en su día, aniversario de graduación: como bachilleres, como cirios nuevos, preparados para alumbrar con sus conocimientos, con sus virtudes teologales. Realmente para seguir el designio del creador y sus formadoras, conscientes eso sí, de la realidad de ese futuro incierto, pero futuro al fin y al cabo (conscientes de que hay que vivir el hoy, pues ayer es un cheque cobrado y el futuro un vale promisorio). Conscientes de que en el diario caminar, ese cirio se va agotando, es decir dando la vida, a ejemplo de los padres, de las formadoras religiosas, de las que recibieron esa cera, que luego de moldear y colocar esa mecha o pavilo de la enseñanza, de los valores especialmente cristianos, fueron hubicandose en su familia, comunidad, trabajo, profesión de diferente índole, pero siempre recordando aquellos 15 años y luego ese título de bachiller, y no cualquier bachiller, !bachilleres cristianas! Felicitaciones a esas formadoras. Que si están aquí se sientan felices de poder ver germinar esas semillita, sembrada con amor. Que si se han ido, podemos estar seguros que desde el cielo les miran con orgullo. Que el Señor de la vida y María Santísima en la advocación de Guadalupe, les siga prodigando sabiduría y dicernimiento para proseguir esa bella obra como es la enseñanza, ayuda, servicio, compartir esos conocimientos en beneficio de los más necesitados de valores cristianos y humanos.