Duerme en una tormenta
Imagine usted por un momento que recibe un aspirante a empleado con una carta de recomendación cuyo único contenido es ‘Duerme en una tormenta’. Es todo lo que dice del candidato que usted va a entrevistar…
Esto es lo que sucede en una de las historias que recuenta Mitch Albom en su libro Have a Little Faith: A True Story
del que les comentara en una entrada anterior, tomada a su vez de un sermón que en 1975 dijera el Rabino de su sinagoga, Albert Lewis.
La historia te pone a pensar y, ciertamente, plantea la forma en que debemos vivir la vida: preparados. No sabemos el momento ni la hora en que llega la tormenta. Vivir nuestra vida de una forma clara, organizada, en paz con todos y con todo, conscientes de que estamos de paso, responsablemente, haciendo cada día lo que a cada día le corresponde y guiados por nuestros principios, valores y creencias…no por las apariencias ni el qué dirán…o por lo que sea ‘normal’ en un momento determinado.
Aquí la historia:
“Un hombre busca empleo en una finca. Le entrega su carta de recomendación al patrón. Simplemente dice, ‘El duerme en una tormenta; .
El patrón está desesperado por encontrar ayuda, así que contrata al hombre.
Pasan algunas semanas y, de repente, en el medio de la noche, se presenta una fuerte tormenta.
Despertado por la fuerte lluvia y los sonidos del viento, el patrón salta de la cama. Llama a su recién contratado empleado, pero el hombre está durmiendo profundamente.
Entonces el patrón va rápidamente al establo. Ve, para su sorpresa, que los animales están asegurados y con suficiente comida. Corre al campo. Ve los paquetes de trigo debidamente amarrados y empacados. Corre al granero. Las puertas están aseguradas y el grano está seco.
Luego comprende. ‘El duerme en una tormenta’.
Si atendemos las cosas importantes de la vida, si estamos bien con aquellos que amamos, si nos comportamos de acuerdo a nuestros lineamientos y principios, a nuestras creencias, nuestras vidas no serán afectadas por el dolor de aquello que quedó ‘imcompleto’….por aquello que no hicimos. Nuestras palabras serán siempre sinceras, nuestros abrazos bien apretados. No tendremos que quedarnos en la agonía de ‘pude haber, debí haber’ (hecho…dicho…). Podremos dormir en la tormenta.
Cuando llegue la hora, nuestros adioses ya estarán dichos.”
Ojalá que todos seamos capaces de identificar los establos, los animales, los empaques de trigo, los graneros de nuestras vidas. Ojalá seamos capaces de definir claramente cómo alimentarlos, asegurarlos, empacarlos, guarecerlos y asegurarlos con nuestro comportamiento diario, con nuestro proceder, con nuestro ejemplo de vida.
Ojalá que, con la ayuda del Espíritu Santo, seamos capaces de dormir en medio de las tormentas.
Bendiciones!
G.


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