Matrimonio y Divorcio: una reflexión desde un lado

En Matrimonio, Vida -

Hoy he sentido ganas irresistibles de escribir.  De escribir sobre estos temas que el camino de la vida me invita a compartir.  Y lo hago con ilusión y entusiasmo, siempre recordando que no conozco nada de nada, no tengo la menor idea sobre qué dicen los ‘entendidos’ del comportamiento humano. Lo que escribo y comparto lo hago únicamente desde la perspectiva testimonial de quien quiere compartir su experiencia de vida.  Y entiendo que si visitas este espacio, eres una de esas personas que piensa que compartir la vida tiene sentido y que en este compartir hay un necesario enriquecimiento, si bien al menos por saber que no estamos solos en el camino y otros transitan por trillos similares.

En una conversación con un grupo de amigas en el día de hoy,  se presentó una natural diferencia de opiniones sobre temas vitales, como son el matrimonio y el divorcio.  Creo que todos podemos estar de acuerdo que estas son dos palabras que cambian nuestras vidas, son momentos transcendentales, por eso digo que son temas ‘vitales’ (de vida).  Merece la pena aclarar que, aunque la diferencia que se presentó obedeció más bien a un mal entendido, ser testigo de la resolución del conflicto me hizo sentirme muy feliz y bendecida de participar en grupos donde se expresan  opiniones y testimonios que son fruto del camino de la vida de cada cual, en respeto y tolerancia…y que cuando eso no sucede, somos capaces de encontrar territorio común en la disculpa y el perdón. Eso nos enriquece muchísimo a todos. Eso es un hermoso testimonio de amistad y madurez.

Las posturas encontradas obedecieron por un lado al relato de una de mis amigas sobre el testimonio matrimonial de su abuelita.  Si ella me lo permite, en su momento he de compartir la historia.  A los fines de este escrito, vale indicar que es un testimonio sobre lo necesario del perdón como herramienta indispensable para un matrimonio y para lograr hacer realidad la promesa de estar juntos ‘hasta que la muerte nos separe’.  Por otro lado, la interpretación que le diera otra de mis compañeras a esas palabras, a la luz de su experiencia matrimonial y previo divorcio, entendiendo tal vez que lo que se quería transmitir es que el divorcio nunca es la alternativa.

Indiscutiblemente que la intención de la primera en ningún momento fue señalar la causa de un divorcio como falta de esfuerzo de un miembro de la pareja, como falta de perdón, como falta de ‘aguante’.  Incluso en algún momento mi amiga apuntó que hay casos donde aún ante el perdón a las más grandes ofensas, la salida más sana es el divorcio.   Mi deseo de escribir hoy nace de esta conversación al recordar unas reflexiones que hice, fruto del divorcio de varias parejas queridas en un período corto de tiempo.  Y es que el rompimiento de una pareja trae dolor también a quienes estamos en la periferia.

Si mis reflexiones están muy lejos de la realidad, te invito a enriquecernos haciendo tu comentario abajo.  Por eso he titulado este escrito con el aclarando ‘una reflexión desde un lado’.  Es decir, hablo de divorcio desde mi óptica de casada.  En esta ocasión, no puedo hacerlo de forma testimonial, sino desde la ‘tangente’….como observador.  Espero que mi intención sea clara y nadie se sienta ofendido por mi atrevimiento.  Sólo busco compartir mi parecer que, dicho sea de paso, cambió mucho como fruto de esas experiencias de parejas amigas o familiares queridos.

Un punto de partida

Los que me conocen, los que nos conocen como pareja, los que saben del trabajo que hemos sido llamados a hacer en ministerios relacionados a la familia, saben que soy una fiel defensora de la institución matrimonial.  Totalmente chapada ‘a la antigua’ en muchísimos aspectos relativos al tema, incluida la convicción de que la palabra ‘divorcio’ no existe en nuestro diccionario.  Pero, OJO, en mi matrimonio nunca he tenido motivos para insertarla.  Si bien el testimonio de la abuelita de mi amiga me motiva a la tolerancia, al perdón, al amor dinámico y decidido de cada día, no es menos cierto que es muy novelesco e iluso de mi parte pretender que cada situación sea vista con los mismos lentes.  Me queda claro que hay situaciones que yo no toleraría a ningún precio.

También estoy consciente de que los cambios sociales y la inversión de roles, han llevado a las nuevas generaciones a asumir el divorcio como una solución muy a la mano y que es muy posible que, ante la alternativa, resulte muy ‘costoso’ en términos emocionales echar el pleito por el proyecto matrimonial. Me queda claro de que las mujeres ‘de antes’ tenían una dependencia enfermiza de sus maridos y ‘todo lo aguantaban’ porque eso es lo que de ellas se esperaba.  De igual manera, hoy en día el divorcio para algunos es una salida fácil y cómoda de un compromiso que nos pesa mucho sostener.

El divorcio es un largo duelo

Mi primera conclusión es que alcanzar la decisión de divorcio debe ser un proceso muy largo y muy triste para ambos miembros de la pareja, si bien es posible que para uno más que para el otro.  Imagino que es un proceso muy doloroso que se inicia cuando se entiende que mantener el proyecto de vida iniciado con ilusión y ‘para siempre’, es menos sostenible que renunciar al mismo.  Pero estoy segura que llegar al punto de considerar esa renuncia requiere de muchas heridas, mucho dolor, mucho desencanto, mucho sufrir….de ambos.  Estoy segura que el sufrimiento es mutuo, aunque sé que en muchos casos uno sufre más que el otro.  Durante ese proceso, que estoy segurísima que no es corto, sino de bastante tiempo, me imagino un duelo.  Un duelo doloroso porque muere el proyecto, muere la ilusión, muere aquello que un día nos unió de tal forma que estuvimos dispuestos a jurarnos una vida juntos.  Y esa muerte lacera el alma.  Desde mi punto de vista, viviendo en matrimonio, mi reflexión apunta a un dolor muy profundo que además no permite consuelo.  No lo permite porque normalmente este proceso inicia en soledad, se reconoce y toma fuerza en la intimidad.  Es un dolor que no se comparte en sus inicios y en su desarrollo.  No es hasta que se toma la decisión y se comienzan a dar los pasos necesarios para concretizarla, que nos permitimos compartir con otros …..y muy probablemente para ese entonces el dolor ha dado paso a otros sentimientos negativos y variados que fortalecen la decisión.

El divorcio es un asunto de dos

Otra conclusión es que el divorcio nunca es decisión y acción absoluta de uno de los dos, sino de ambos.  Aunque uno de los dos esté más convencido que el otro, más decidido.  Aunque uno de los dos sea el detonante…..en el divorcio deben participar ambos.  Así como la decisión de casarse no es de uno, así como el amor no crece porque uno de los dos ame al otro, así como el enamoramiento es mutuo, así como para haber matrimonio tiene que haber dos, así igualmente para que haya divorcio, supongo que hay dos. El divorcio no es un asunto de uno.

No hay ‘un culpable’

Finalmente, y siempre considerando solamente lo poco que he podido apreciar desde ‘mi silla’ (pido disculpas nuevamente por la frescura de tocar este tema y pido disculpas si al hacerlo causo dolor por mi desconocimiento vivencial del tema), en un divorcio nunca hay ‘una razón’, ni ‘un culpable’.  El matrimonio es un asunto de dos. Para que funcione tiene que haber dos entregados a tiempo completo a hacerlo funcionar.  Eso es así aún en las parejas que lucen ser las más felices y compenetradas. Si no están los dos dando su 100%, en algún momento se tambalea el proyecto.  El matrimonio no funciona como una sociedad 50-50, no funciona como una dieta que empiezo hoy y dejo en tres días.  No funciona el matrimonio  ‘light’.  Igualmente, para que lleguemos a un divorcio, hay participación (o falta de) de ambos.  Uno solo no voltea el bote.  Puede ser que uno sea el que tenga más fuerza para voltearlo o menos interés en mantenerlo a flote…..pero ambos participan en el naufragio de forma activa o pasiva, por acción o por omisión.  Participa de palabra, de pensamiento, de emoción…..o por falta de. Pero si analizamos cada caso, estoy segura que para llegar al divorcio ambos dejaron de entregar su 100%.  Así que no hay un ‘culpable’ , no hay un solo hecho, una sola discusión, una sola razón, un solo pleito que derive en divorcio…..hay una cadena, de parte y parte.

Ojo, utilizo el paralelo del bote y el naufragio como una forma de ilustrar la idea de un proyecto que no llegó a ser lo que se planificó originalmente. Sin embargo, me queda claro que un divorcio no tiene que ser un ‘fracaso de vida’.  Es el fracaso o el abandono del proyecto matrimonial, no de la persona.

En fin…

Estas tres conclusiones me han permitido ver el divorcio con ojos diferentes.  Creo que soy más empática, más tolerante cuando alguien me comenta sobre otra pareja que está en proceso de.  Me doy cuenta de que es muy fácil que te pongan tema en la calle y te pregunten si es verdad que fulano o fulana hizo esto o aquello y por eso ‘lo botaron’.  No me han faltado personas muy indiscretas que te preguntan por una pareja querida en pleno proceso de divorcio con un tono de novela y ganas de chismorreo….y para colmo le ponen salsa para que el cuento ‘tenga más gusto’.  Si hay otros escuchando mejor todavía.  En inglés dirían ‘Shame on you!’

Cierro pidiendo nuevamente disculpas a mis lectores divorciados, por el atrevimiento de escribir sobre un tema que no he vivido.  Les animo a comentar más abajo sobre cualquier precisión que entiendan necesaria, siempre en respeto y consideración a los demás lectores que puedan estar participando.  Hoy en día somos una comunidad bastante amplia que me acompaña y quisiera mantener el sentido de inclusión y acogida que hasta ahora nos ha caracterizado.

Bendiciones!

Si te gusta el artículo, por favor déjanos un comentario o suscríbete al RSS feed para futuros artículos.

Responder