Conductor Designado
Hace ya un par de años que, cual madre de jóvenes que inician la adolescencia, me mortifican y me afectan los medios que inciden en la forma de pensar y proceder de la juventud. Por razones obvias, y amén del contra-peso que nos empeñamos en hacer en el hogar, me he tornado muy ‘jueza’ de todas las entidades que de alguna forma contribuyen a que el medio en que se desenvuelven los jóvenes de hoy diste de ser lo que me hubiera gustado para mis hijos. Y digo esto estando plenamente convencida de que lo mejor que podemos hacer por ellos es hablarles hasta la saciedad, darles el mejor ejemplo que humanamente seamos capaces y encomendarlos al Espíritu Santo para que siempre los proteja y los ilumine para tomar decisiones sabias y santas. Porque, al final del día, lo cierto del caso es que dejan de ser niños para convertirse poco a poco en adultos y hay que dejarlos ir madurando a su ritmo, con nuestra guía, pero dejándoles poco a poco conquistar su espacio como incipientes adultos que tienen gustos, personalidad, criterios y valores propios, si bien adquiridos al calor de la formación familiar, y que están llamados a desenvolverse y accionar en una sociedad muy diferente a la que nos tocó a nosotros en nuestro momento.
Por qué inicio planteando todo esto?



